
Quizá sea mejor no hacerse preguntas, ni buscar respuestas. Simplemente recorrer la vida desde la más absoluta ingorancia conformista.
El ritmo de lo cotidiano te empuja a ello, a vivir sin cuestionar, sin elegir auténticas alternativas, sobreviviendo a las adversidades autoimpuestas. No hay tiempo para mucho más, ni ganas ni fuerzas. El descanso necesario nos dejará entonces la mente en blanco, dejando pasar los minutos, acumulando horas vividas que se tornan de pronto años al mirar hacia atrás.
Cada vez menos riesgos, más temores, más quietud.
El ritmo de lo cotidiano te empuja a ello, a vivir sin cuestionar, sin elegir auténticas alternativas, sobreviviendo a las adversidades autoimpuestas. No hay tiempo para mucho más, ni ganas ni fuerzas. El descanso necesario nos dejará entonces la mente en blanco, dejando pasar los minutos, acumulando horas vividas que se tornan de pronto años al mirar hacia atrás.
Cada vez menos riesgos, más temores, más quietud.


Escribe un comentario